domingo, 25 de julio de 2010

Fittipaldi


Quito la alarma, abro la puerta, tomo asiento, lo acomodo, coloco el cinturón de seguridad, piso el freno y el clutch, giro la llave y arranco el coche. Bajo el vidrio, elijo la opción de CD en la estéreo y busco la canción elegida, subo el volumen. Es momento, bajo el freno de mano, miro los espejos salgo de mi casa y comienza la experiencia, mientras acelero, cambio las velocidades, escucho detrás del estruendo de la música un ronroneo, que no es más que el crujir del metal en movimiento y la transformación de energías para lograr que lo que piso se convierta en adrenalina mientras aumenta la velocidad del vehículo en el que estoy. Mientras más avanza el trayecto y dependiendo del sentimiento que se desprenda elevo mi voz junto con la radio de manera que no solo es el vehículo quien libera energía si no también yo por lo que se vuelve toda una experiencia.

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